Respuesta de César Villalona
1. ¿Recuerdas el 24 de marzo de 1980? ¿Dónde estuviste ese día y qué hiciste?
Ese día me encontraba estudiando
en mi casa de Santo Domingo, República Dominicana. Para entonces cursaba el
segundo año de la carrera de economía en la Universidad Autónoma de Santo
Domingo. Al día siguiente me enteré de que los escuadrones de la muerte de El
Salvador habían asesinado a Monseñor Romero, la voz más alta de la iglesia de
su país y quien condenaba los asesinatos contra el pueblo cometidos durante la
tercera junta de gobierno, la cual había surgido del golpe cívico militar del
año 1979. Romero también condenaba el apoyo del gobierno de Estados Unidos a
dicha junta.
2. ¿Cuáles son tus dos/tres recuerdos más importantes de la década del conflicto armado?
El primero es el de mi incorporación, en agosto de 1985, al Partido Comunista de El Salvador, una de las cinco organizaciones guerrilleras que integraban el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el cual, para entonces, se enfrentaba a la dictadura militar que sostenía al gobierno de Napoleón Duarte.
El segundo es el de la ofensiva de 1989, lanzada por el FMLN para derrotar al ejército gubernamental y tomar el poder. Fue una acción muy audaz y heroica, que por primera vez durante la guerra trasladó el conflicto militar del campo a las principales ciudades.
El asesinato de los seis
sacerdotes jesuitas y sus dos empleadas domésticas, cometido por el batallón
Atlacatl, uno de los más represivos de la Fuerza Armada Salvadoreña (FAES). Ese
hecho fue muy impactante y contribuyó decisivamente a la finalización de la
guerra, dado el debilitamiento que le ocasionó a la FAES, que era la más reacia
a negociar con el FMLN el fin del conflicto.
3. ¿Qué importancia tienen esos recuerdos hoy?
Mi incorporación al FMLN, como militante internacionalista, fue muy importante en mi vida. El aprendizaje que tuve fue enorme. Pude conocer una experiencia no vivida en Dominicana y una forma de hacer política, por parte de la izquierda salvadoreña, muy diferente a la forma de la izquierda dominicana, por lo general poco reflexiva y muy dada a la espontaneidad. Toda guerra, como combinación de la lucha militar, política, económica, diplomática y propagandística, es una gran escuela.
Además, desde mi incorporación a la izquierda salvadoreña hasta hoy, he analizado y escrito mucho sobre la realidad de El Salvador, fundamentalmente sobre la evolución económica, lo que me permitió aprender a investigar y a ampliar mis conocimientos de economía.
La ofensiva de 1999 generó la sensación de victoria. Al final, la guerra terminó con una negociación que no removió el poder permanente, pero que sí liquidó la dictadura militar y democratizó a la sociedad y el Estado.
La ofensiva de 1989 mostró un poderío tan grande del FMLN, que contribuyó (aunque no fue lo decisivo) a acelerar los Acuerdos de Paz. Esa es su mayor importancia histórica.
El asesinato de los sacerdotes
jesuitas y sus empleadas domésticas, mostró hasta dónde era capaz de llegar el
aparato coercitivo del Estado. No se trató de un hecho de fuerza, sino una
venganza que mostraba la fragilidad del ejército. Este hecho también aceleró
las negociaciones de paz, pues debilitó y aisló sensiblemente a la Fuerza
Armada.
4. ¿De qué manera se recuerdan hoy el conflicto armado y las actividades de los escuadrones de la muerte?
En las comunidades más sufridas y en la población que guarda el duelo de familiares caídos, el recuerdo de la guerra y de los escuadrones es bastante traumático. Y hablo de una franja grande de la población, pues la guerra dejó un saldo de 70,000 personas muertas y miles de personas lisiadas.
Para la gente de más de 30 años, que vivió ese período, los recuerdos de los escuadrones concitan rechazo. También hay temor al retorno de esos cuerpos paramilitares y sus prácticas represivas. Incluso, la gente de derecha, que no sufrió a los escuadrones, sabe que si se activan otra vez, el país viviría un nuevo conflicto, tal vez de mayores dimensiones, dada la experiencia acumulada en la izquierda, cuyo peso político en la vida nacional es mayor que el de la derecha, aunque la derecha se las arregle para ganar con fraudes.
La guerra y el accionar de los escuadrones no gravitan en la memoria de las nuevas generaciones. Salvo la juventud politizada, que siempre es minoritaria, la mayoría de la gente joven no se interesa ni opina sobre esos hechos.
El FMLN celebra algunas fechas
simbólicas de la guerra, sobre todo las ofensivas de enero de 1981 y de
noviembre de 1989. En su militancia histórica, que es amplia, la guerra no es
un trauma, sino un hecho histórico glorioso y digno de recordación. El FMLN y
las organizaciones de derechos humanos también denuncian y alertan sobre
algunas prácticas propias de escuadrones, sobre todo durante los procesos
electorales.
5. ¿Dentro de la currícula escolar se contempla la historia del conflicto armado en El Salvador?
Sí, pero con un enfoque aparentemente neutral, omitiendo muchas masacres de la FAES, sin establecer responsabilidades y mostrando el conflicto como resultado de la guerra fría. Ese texto no ayuda a entender las causas de la guerra ni la validez de la lucha revolucionaria, la cual se desarrolló porque el "estado de derecho" se negó a si mismo, tras los fraudes electorales de la oligarquía y los militares, en 1972 y 1977, y la intensa represión contra las clases explotadas y sus estructuras organizativas, sobre todo contra el campesinado pobre, que clamaba por tierra y por apoyo gubernamental.
(red_kol)
Respuesta de César Villalona
aparezido en: Info-Blatt 70 de la Oficina Ecumenica por la Paz y la Justicia
Munich, Alemania
Julio 2007
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