Respuesta de Angel Ibarra
1. ¿Recuerdas el 24 de marzo de 1980? ¿Dónde estuviste ese día y qué hiciste?
En marzo del 1980, yo hacia mi practica de año social, obligatorio para recibir el título de Doctor en Medicina por la Universidad de El Salvador, en la oriental y calurosa ciudad de Pasaquina, departamento de La Unión. Ese día, había sido de bastante trabajo en la clínica pública, ya que atendía un promedio de 80 enfermos diarios, la mayoría niños y niñas.
La noticia radial me sorprendió después de haber tomado la cena, en momentos que me dirigía a estudiar algunos casos clínicos complicados a los que me había enfrentado durante el día. Ante lo inesperado y aplastante de la noticia y la incredulidad inicial de que fuera cierta, llamé a unos amigos para confirmarla; luego vino la sensación de impotencia, pesar y dolor, que ya pude vivirla en compañía de varias personas de la ciudad que al igual que yo eran fieles seguidoras de Monseñor.
Aunque vivíamos un momento
difícil por la represión y que algunos de ellos ya eran perseguidos, amanecimos
reunidos compartiendo el dolor intenso que nos causo su muerte; en una especie
de vigilia pascual, esperando desde ese momento su resurrección.
2. ¿Cuáles son tus dos/tres recuerdos más importantes de la década del conflicto armado?
Cuando se sobrevive a una guerra tan cruenta como la nuestra, todos los momentos son importantes, todos los recuerdos son intensos. Sin embargo, hay algunos que tocaron más de cerca mi vida personal, entre estos, menciono los siguientes:
• La muerte violenta de mis 2 sobrinos a manos del ejército (1981 y 1986), la búsqueda loca, arrebatada e infructuosa de sus cuerpos mutilados, y que nunca encontramos; la convicción de la prolongación de sus vidas en tantos otros-as jóvenes luchadores por la justicia.
• Cuando me capturan los Escuadrones de la muerte en abril de 1983, dado por desaparecido por 4 días y luego mi traslado a las bartolinas de la Policía Nacional, quienes aceptan que ellos me han capturado ante la presión y solidaridad internacional; luego mi vida como preso político durante más de 8 meses en el Penal de Mariona, San Salvador.
• El gesto solidario de un joven
combatiente de las FAL, que en un momento crítico durante la ofensiva de
noviembre de 1989, en Ciudad Delgado, cuando el ejercito ya nos cercaba, cubrió
la retirada de la población civil, personal medico y heridos, a riesgo y
entrega de su propia vida.
3. ¿Qué importancia tienen esos recuerdos hoy?
Le dan sentido a mi vida, tanto
en el plano personal como en mi rol social, nunca he vuelto a sentir ni vivir
tanta camaradería y solidaridad, tanto esfuerzo colectivo por una vida digna y
la justicia, ni tanta entrega y sacrificio por los demás, como esas veces. Esos
recuerdos, por dolorosos que parezcan, me motivan siempre para continuar siendo
rebelde, trabajando y luchando por la paz, la justicia; y desde el fin de la
guerra, en mi militancia ambientalista, por la sustentabilidad social y
ambiental.
4. ¿De qué manera se recuerdan hoy el conflicto armado y las actividades de los escuadrones de la muerte?
La guerra como la confrontación mas alta de dos proyectos o visiones de la sociedad salvadorena. La de tierra arrasada, y luego de baja intensidad, como la agresión racional para sembrar el terror y la muerte, y la popular revolucionaria como el sacrificio necesario para seguir dándole vida a la utopia de la liberación.
Los escuadrones, como lo que fueron: la cara sucia e ilegal del régimen, lo que los poderosos son capaces de hacer cuando se ponen en peligro sus privilegios.
(red_kol)
Respuesta de Angel Ibarra
aparezido en: Info-Blatt 70 de la Oficina Ecumenica por la Paz y la Justicia
Munich, Alemania
Julio 2007
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